
Sunday, March 16, 2008
RAMO BENDITO, TRAICIÓN Y MISERICORDIA

Sunday, March 09, 2008
Sunday, March 02, 2008
Sunday, February 24, 2008

Sunday, February 17, 2008
Sunday, February 10, 2008
Sunday, February 03, 2008
Sunday, January 27, 2008
Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí. Desde entonces Jesús empezó a proclamar este mensaje: "Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca." Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar. Jesús los llamó: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres." Al instante dejaron las redes y lo siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las redes. Jesús los llamó, y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús empezó a recorrer toda la Galilea; enseñaba en las sinagogas de los judíos, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades. (Mateo 4,12-23)
Jesús, al ver que Herodes había encarcelado a Juan, se aleja del tirano retirándose a tierras de Galilea. Y allí, en tierra de paganos, empieza su misión y reúne a los primeros discípulos. Las persecuciones serán muchas veces, en el futuro del cristianismo, causa de desplazamiento de los evangelizadores a otras tierras, que así reciben el evangelio de la salvación. Huyen del peligro, pero cumplen su misión en los lugares a donde llegan.
Pero los discípulos judíos elegían ellos a su maestro, estaban en su escuela por un tiempo, y luego lo dejaban; mientras que los discípulos de Cristo fueron elegidos por el mismo Maestro con llamada directa: “Ven y sígueme”, “Vengan y verán”, “Vénganse conmigo y los haré pescadores de hombres”. Jesús “reunió a los Doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3, 14), y con él corren los mismos riesgos y sufrimientos, para compartir también con él su destino: la resurrección y la gloria eterna. Y él estará con ellos “todos los días hasta el fin del mundo”.
Los cristianos verdaderos (discípulos de Cristo), siguen hoy en las mismas condiciones: todos los bautizados somos llamados a ser pescadores de hombres y estar unidos a él todos los días, como él está unido a nosotros. Esta unión es la que nos da la fuerza de “ser pescadores de hombres”. O sea, colaboradores de Cristo en la salvación de los hombres, empezando por casa. Esa es la clara voluntad de Dios, quien “desea que todos los hombres se salven”.
El éxito salvador de nuestra vida y obras en unión con Cristo resucitado, nos lo garantiza él mismo: “Quien está unido a mí, produce mucho fruto”. ¡Qué gran consuelo!
No hay mayor contrasentido que un cristiano a quien no le importa la salvación del prójimo y del mundo entero, pues cristiano significa seguidor e imitador de Cristo, cuya misión es la salvación de los hombres. Y quien ignora esta misión a la que está llamado, se convierte en “cristiano sin Cristo”, o sea, un “no cristiano”.
Negar que un cristiano pueda producir frutos de salvación, es como negarle al sol la posibilidad de producir luz y calor, ya que el cristiano es portador de Cristo, Luz del mundo.
Es cierto que no todos son llamados a ser predicadores con la palabra, pero sí “pescadores de hombres”, que engendran hijos de Dios por la unión con Cristo resucitado, con el ejemplo, las obras, la palabra, la oración, las relaciones, el sufrimiento ofrecido por la salvación ajena.
Si Dios permite el sufrimiento y la desgracia que no vienen de él, no es para “ajustar las cuentas” a los pecadores, sino para terminar transformando el sufrimiento en alegría y la desgracia en salvación y felicidad.
El pueblo que estaba aplastado por la opresión de los invasores, “ve una gran luz”, signo de la presencia amorosa y liberadora de Dios, y entona un canto de gratitud a su Libertador. En la Galilea una vez ocupada y oprimida por los asirios, va brillar una “gran luz”, que es Cristo, Luz del mundo, que justo en Galilea empieza a difundir la luz del Evangelio.
Hoy también existen personas, grupos, clases sociales, regiones, naciones bajo la opresión de los prepotentes que los esclavizan en función de sus intereses y ambiciones. Pero Dios no aparta sus ojos misericordiosos de los que sufren, y no permitirá que el sufrimiento y la muerte sean la última palabra sobre el hombre y sobre el mundo.
En la joven iglesia de Corinto hay ya divisiones y desacuerdos, en parte debidas a los diversos estilos de predicar el Evangelio por parte de los varios anunciadores: Pablo, Pedro, Apolo.
Pero la causa profunda es que la fe de los corintios no está fundamentada sólidamente sobre la piedra angular, Jesús resucitado, sino en personas o motivos humanos. Ahí está el verdadero origen de los cismas, separaciones, rivalidades y falta de credibilidad.
Sólo la fe y la experiencia de Cristo crucificado y resucitado por nosotros, y la unión con él y en él, pueden crear y mantener la unidad entre las iglesias, grupos parroquiales, comunidades, familias. Las divisiones suceden cuando se suplanta a Cristo por los líderes, y el Evangelio por intereses grupales, materiales, ideológicos.
Por eso sigue siendo muy actual la oración de Jesús: “Padre, que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17, 21). Cuando la fe se apoya en “los curas” o líderes de grupos, o intereses, se da escándalo, sucede la irrelevancia, la división y la desintegración.
Sunday, January 20, 2008
El Cordero que quita el pecado del mundo
Sunday, January 13, 2008
BAUTIZADOS: SACERDOTES, PROFETAS Y REYES

Por el bautismo también nosotros somos constituidos sacerdotes, miembros del Pueblo Sacerdotal, la Iglesia, con vocación de ofrenda agradable a Dios por la salvación de nuestros hermanos. Somos constituidos profetas, capaces de ver y comprender a las personas, las cosas y los acontecimientos con los ojos y la mente de Dios. Somos constituidos reyes, porque se nos da la libertad de los hijos de Dios, pues servir a Dios en el prójimo es reinar.
¿Sentimos los cristianos el bautismo como una vocación, un llamado de Dios a vivir como sacerdotes, profetas y reyes? ¿En qué medida vivimos el sacerdocio bautismal, en la eucaristía y en la vida, sirviendo y amando a los otros como Jesús nos ama? ¿Vemos las cosas como Dios las ve, y vivimos como hijos suyos, hijos del Rey universal?
¿Por qué tantos bautizados no viven como cristianos? Tal vez porque la catequesis no se fundamentó en lo que hace al cristiano: sacerdote, profeta y rey, unido al Resucitado, con todo lo que esos títulos implican de vida práctica.
El Espíritu de Dios consagra a Jesús para la misión liberadora y salvadora, y de siervo lo ensalza a rey de la humanidad y del universo visible e invisible. Tal misión consiste ante todo en implantar la justicia en la tierra, que está envuelta en las tinieblas del odio, la guerra, la violencia, las cárceles, el hambre, la ceguera, la muerte...
Alcanzado por el sufrimiento, no vacilará ni se quebrará, porque la fuerza de Dios estará con él, y le dará la victoria total por la resurrección. Hoy el Resucitado es el Siervo-Rey glorificado, centro, sostén y conductor de la historia hacia el reino eterno del Padre, al frente de todos los que, como él, “pasan la vida haciendo el bien”.
Dios mira con benevolencia y salva a todos los que lo temen, aman y adoran bajo distintos nombres, o que tal vez ni siquiera lo conocen, pero defienden la vida, practican la justicia, promueven la paz y hacen el bien. Jesús tiene “otras ovejas que no son de este redil”, la Iglesia católica. Y también a ellos los tiene que salvar atrayéndolos hacia él.
Sunday, January 06, 2008

Tuesday, January 01, 2008
FELIZ LA MUJER IMAGEN DE DIOS

Mas la bendición de Dios tiene su máxima expresión y eficacia a través del Sumo Sacerdote, Cristo Jesús, “en quien Dios nos bendice con toda clase de bendiciones” materiales, espirituales, celestiales.
Y esta bendición máxima, el Hijo de Dios, sigue llegando eficazmente por manos de los sacerdotes ministeriales, que nos hacen presente a Cristo Resucitado: en la Eucaristía y demás sacramentos, en la predicación, en sus personas consagradas al servicio sacerdotal.
Mas a partir de Cristo, las bendiciones de Dios no pasan sólo a través del sacerdocio ministerial –con excepción de algunos sacramentos-, pues el supremo sacerdocio de Cristo es compartido también por todos los bautizados mediante el sacerdocio bautismal. Por eso los laicos deben recuperar la costumbre de bendecir y bendecirse mutuamente en nombre de Dios, quien responderá, tal vez sin que nos demos cuenta, a toda bendición que se haga con fe en él y amor al prójimo.
El Hijo de Dios se hace esclavo con todas esas esclavitudes del hombre –menos el pecado- para que el hombre alcance la libertad de los hijos de Dios, porque el Hijo no viene sólo a liberarnos de las esclavitudes, sino a hacernos hijos de Dios y coherederos de su misma gloria eterna. Nos da un nuevo ser, de modo que podemos llamarle “Padre”, al igual que su propio Hijo.
Ante tan inaudita bendición, san Juan exclama: “¡Miren qué amor nos tiene el Padre, que nos llama hijos suyos, pues lo somos!” (1 Juan 3, 1). Somos hijos de Dios, y nuestra vocación es la libertad en esta vida y la plenitud de la libertad en el paraíso a través de la resurrección, por la que se comprobará lo que realmente somos como hijos de Dios. Jesús "se hizo lo que somos nosotros para hacernos a nosotros ser lo que él es": hijos de Dios.
